Minas, violaciones, contaminación y exilio de médicos, la otra cara de la guerra

Escrito el 07-10-2015 09:18:19 bajo la temática Cooperación internacional

Una guerra tiene muchas caras, es poliédrica. Acumula víctimas por todos lados y las infraestructuras de atención sanitaria terminan a menudo siendo víctimas reiteradas de los ataques militares. Provocan así un reguero de sufrimiento y destrucción que afecta directamente a la salud de las personas y la de sus familias, sobre todo la de las clases populares, que agrava, aún más si cabe, las desigualdades.


El bombardeo del hospital de MSF en la ciudad afgana de Kunduz el pasado 3 de octubre por parte del ejército de Estados Unidos, donde murieron 12 trabajadores y 10 pacientes no es una anécdota.

Forma parte de la larga lista de centros y personal médico que son víctimas directas de las guerras. Se le suma el exilio de médicos y enfermeros, las minas que continúan llenando los campos después de los enfrentamientos, la destrucción de infraestructuras básicas para la supervivencia como el abastecimiento de agua potable, la violencia que se ceba sobre las mujeres en contexto de guerra o el impacto ecológico que provocan las armas químicas y biológicas. 

Y es que más allá de los efectos inmediatos en muertos y heridos (en 2014 murieron alrededor de 176.000 personas en conflictos armados en todo el mundo, un aumento del 35% respecto al 2013), las guerras provocan un reguero de sufrimiento y destrucción que afecta directamente la salud de las personas y de sus familias, sobre todo de las clases populares, que agrava, aún más, las desigualdades. Mientras tanto, los principales beneficiarios son las corporaciones militares-industriales, que ven cómo se mantienen o crecen sus inversiones: el gasto global en defensa aumentó un 1,7% en 2014, con un total de 1,8 billones de dólares.

 

Articulo publicado en nuestro blog La Pitjor Epidèmia en el diario de investigación Crític el 7 de octubre de 2015, escrito por Laia Altarriba con el asesoramiento en contenidos de Joan Benach.

Podéis leer el artículo completo aquí: (en catalán)

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