¿Qué podemos hacer para romper el círculo de contaminación?

Escrito el 26-10-2018 12:57:03

La proyección de Death by Design abre un interesante debate sobre la responsabilidad de los consumidores en la generación de residuos tóxicos. ¿Qué podemos desde la base social para frenar los costes mortales de la industria tecnológica?

¿Seríamos capaces renunciar a nuestro smartphone? ¿Estaríamos dispuestos a no comprar un nuevo portátil si sabemos que para elaborarlo se ha sacrificado la salud de los trabajadores de la fábrica de dónde ha salido? Y si además, ¿sabemos que se ha contaminado el planeta y cuando deje de tener vida útil seguirá siendo un agente tóxico para el medio ambiente? ¿Seríamos tan consecuentes con nuestros principios como para comprar una opción más cara, pero menos contaminante? Este es el debate que planeaba ayer después de la proyección del documental "Death by Design" (Sue Williams, 2016).

Así fue como empezó el coloquio moderado por Ana Villagordo, consultora freelance en proyectos de comunicación y dirección de proyectos de carácter ambiental, estrategia creativa y diseño sostenible, y en el que participaban también Alba Trepat, representando Electronics Watch en España y miembro de Setem; y David Franquesa, director de la federación Electronic Reuse (ereuse.org) y doctorando en el Instituto de Sostenibilidad de la UPF.

Empezando por el final: ¿Qué hacemos cuando un móvil se estropea o sencillamente se nos queda obsoleto y lo retiramos para comprar otro? ¿Donde lo tiramos? Si todavía funciona, ¿lo podría reutilizar alguien? Estas son las preguntas que hay que plantearse antes de deshacernos de un aparato electrónico. "No hay puntos de barrio donde tú puedas dar el móvil usado, o sencillamente no hay información útil sobre el proceso que ha seguido un gadget electrónico desde que nosotros lo tiramos", aseguraba ayer Franquesa, experto en iniciativas de economía circular como Electronic Reuse, que promueve la reutilización el material informático para asegurar el reciclaje final. Este circuito, según Franquesa, "no sólo es una opción de compra de segunda mano para el usuario, sino que además podemos ver cuánto dura realmente un producto. El hecho de trazar esta trayectoria nos aporta información sobre la vida útil de un producto".

Sin embargo, planteaba Villagordo, "nuestra existencia tiene un impacto. No existe un edificio de emisión cero. Pero podemos tomar medidas para intentar reducir al máximo estas emisiones". Es decir, es necesario hacer una revisión de nuestros hábitos de consumo, de nuestras dinámicas como ciudadanos para mejorar la gestión de los residuos, pero también es cierto que sólo nuestra presencia ya comporta un impacto en el medio ambiente que tenemos que aprender a regular y disminuir. 

¿Y que podemos hacer a la hora de consumir y hacer uso de las tecnologías? Aparte de plantearnos alternativas respetuosas con la atmósfera, señalaba Trepat, "tenemos poca a cosa a hacer si nos limitamos a pensar únicamente en el consumo". Lo que sí se puede hacer es negociar con instituciones como el Ayuntamiento de Barcelona y la Generalitat de Cataluña su adhesión a iniciativas como la que Trepat representa, Electronics Watch. Se trata de una organización de supervisión independiente que ayuda los compradores del sector público a cumplir con su responsabilidad de proteger los derechos laborales de los trabajadores y las trabajadoras. Les da las herramientas esenciales para crear demanda efectiva para las condiciones de trabajo dignos en sus cadenas de suministro de hardware TIC.

"El hecho que las administraciones se estén adhiriendo a las medidas a favor del medio ambiente demuestra que han visto que la sociedad está preocupada. Ahora es importante que se unan las universidades. Estamos haciendo crecer una necesidad social. Pero todavía no es suficiente porque hay un problema de acumulación de poder y recursos en unas pocas grandes multinacionales", resumía Trepat.

El debate podría haber sido muy largo. ¿Cuántos de nosotros estaríamos dispuestos a pagar más por un producto respetuoso con el medio ambiente? "Tristemente, los productos ecológicos son más caros que los que no lo son", reconocía VIllagordo. Aun así, lo cierto es que el futuro del planeta está en manos de todos y cualquier gesto tiene una repercusión, no sólo en nuestro barrio o nuestra ciudad, tiene un efecto en el planeta que compartimos todos los seres vivos.

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